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viernes, 21 de octubre de 2016

Si yo fuese tu hijo, Tibisay…




La madre es lo más preciado que un hijo pueda tener. Además por ser mujer, es la persona que te trae al mundo, la que lucha en un quirófano para que salgas del vientre y comenzar a experimentar en este mundo cambiante, fantástico, tecnológico, pero a la vez triste y complicado. Gracias a Dios me tocó ser hijo de una madre luchadora, honesta, decente, responsable, amable y venezolana por demás.

En mi país, Venezuela, la justicia dejó de ser justa, las calles dejaron de ser segura, la democracia dejó de ser participativa, el hambre se convirtió en el pan de cada día, la muerte es la consentida de cada hospital, de cada clínica y de cada esquina; auspiciada por una falta de medicamentos contra ricos y pobres.

La solución inmediata a toda esa tragedia se estaba cocinando en las calles, estaba a punto de ser ejecutada. Había fecha, convocatoria, organización, y sobre todo, unas ganas enormes de quienes padecen de esta enfermedad terminal llamada “Socialismo del siglo XXI”, producida por un grupo de bacterias comandado por dos microorganismos: Nicolás Maduro y Diosdado Cabello.

Pero ambas especies están apoyadas por otra más: Tibisay Lucena, la encargada principal de materializar esa solución que vendría con una dosis de antibiótico para exterminar el daño.  Sin embargo, esta señora jugó con la esperanza del pueblo y se atrevió a suspender el referendo revocatorio contra Nicolás Maduro, un sueño anhelado por más de 30 millones de personas.

Tibisay, si yo fuese tu hijo, te haría reflexionar sobre la enfermedad que tienes, ese cáncer que también te atacó al igual que a Hugo Chávez. Te dijera, como hijo, que pensaras en los hijos del resto, en la juventud que quiere crecer en un país libre, en los animales que se están muriendo de hambre, en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015, en el desastre que está causando Nicolás Maduro, pero sobre todo, en tu conciencia, sucia y enferma por demás. 

Si tú fueses mi madre, Tibisay, me arrepentiría cada segundo de mi vida por haber tenido la desdicha de ser el hijo de quien le negó un mejor futuro a mi país, de quien se dejó manipular por un grupúsculo de delincuentes y mafiosos que le temen a la soberanía popular porque saben que lo han hecho pésimo, porque conocen las consecuencias de sus actos y porque ahora son minoría.

Amigos del mundo, ustedes que me siguen, me leen y me comparten su visión de lo que ocurre en Venezuela, les presento a Tibisay Lucena, la presidenta del Consejo Nacional Electoral, la encargada de liderar esa institución que se jacta por tener el mejor sistema de votación del mundo. En ella recae la responsabilidad de revocar al gobierno más corrupto de la historia venezolana, de entregarle al pueblo la oportunidad de salir de este desastre que el único legado que dejará es la desunión, la pobreza, el hambre, la muerte y el odio implantado por un resentido social que más nunca volverá: Hugo Rafael Chávez Frías.

Recapacita, Tibisay, estas a tiempo de convertirte en la heroína de esta historia que lejos de extenderse, está a punto de terminar porque ese pueblo anestesiado está a un paso de despertar.

martes, 13 de septiembre de 2016

Hugo Chávez, la peor bazofia que ha parido nuestra patria


Prefiero escribirlo, aunque en mi mente dance como un eco atormentante. Prefiero desahogarme en el teclado, decir lo que pienso a través de las palabras impresas en la pantalla. Maldecir ha sido por siempre el peor verbo que he conocido, el más espantoso. Tiene una carga tan negativa que cuando se pronuncia es como sentir que has pecado unas cien veces en el día (para quienes creemos fervientemente en la palabra de Dios).

Pero, hay cargas más negativas aún, esa que viene de un tercero que es capaz de humillar sin hablar y de golpear sin tocar. Es esa que no ve, ni siente. La palabra tiene un poder tan mágico que es capaz de cambiarle la vida no solo a una persona, sino a millones más.

Una vez más vuelvo a tocar el tema de mi país, la realidad que atraviesan miles y miles que hoy piden a grito ¡auxilio!, ¡piden comida!, ¡piden libertad!, ¡piden seguridad!, ¡piden paz!, ¡paz!, ¡paz!..

El artífice de todo esto tiene dos nombres, dos apellidos y un ineficiente sucesor: Hugo Rafael Chávez Frías. La mayor bazofia que ha parido nuestra patria, el peor engendro que heredó la pobreza venezolana. Es la representación tajante de una mezcla entre el odio, el desprecio, la venganza, la envidia, la brutalidad y el irrespeto.

Chávez nunca respetó la propiedad privada, mandó a invadir edificios empresariales, hoteles, casas o apartamentos sin la presencia de sus dueños o porque tener dos propiedades era demasiado y se debía compartir con el pobre. Dio la orden de nacionalizar o expropiar o robar empresas de pequeña, mediana y gran envergadura. Limitó al sector empresarial a la adquisición de dólares para la compra de materia prima necesaria para producir en el país.

Decenas de multinacionales decidieron abandonar sus inversiones en Venezuela, entre ellas, Bridgestone, uno de los mayores fabricantes de neumáticos presentes en el país que tampoco estará más.

Por consecuencia, este martes se cumplió un cometido contra mí, contra mi familia, contra el venezolano que se esfuerza por llegar lejos. La directiva del Grupo Corimon, nuevo propietario de la marca, comenzó a tomar decisiones sin cuestionar el esfuerzo de años. En el Complejo Deportivo Club Firestone, en el estado Carabobo, al centro del país, se despojó a mis familiares de un espacio dedicado para el crecimiento deportivo de niños, adolescentes y adultos, sin aviso, sin otra oportunidad, sin pensar en quienes estaban detrás, sin tomar en cuenta el legado, sin escuchar al resto. Hoy todos están sin nada. Solo un vacío que quedó en el alma de quienes por poco o mucho tiempo llegamos a formar parte del lugar.

Maldito seas Hugo Chávez, maldito seas Nicolás Maduro, maldita sea esa burguesía socialista que finge amor por el prójimo, que vende una idea tan pobre como el bolsillo del pueblo que los elige. Razón tenía Facundo Cabral al decir que les tenía miedo a los ignorantes, porque son demasiados y por ende, podrían escoger a un presidente.

No es una crítica contra la empresa, es un recordatorio sobre el legado del hijo de…Elena Frías de Chávez, la misma que hace días lloraba la muerte de otro de sus hijos, por falta de medicamentos.