miércoles, 25 de febrero de 2015

“Estoy muy triste. No quiero ver ni escuchar”, dedicado a Kluiberth Ferney Roa Nunes.

Foto: Reuter
Hoy reaparezco por aquí. Cada vez más triste, preocupado, indignado e impotente por lo que ocurre en Venezuela. Aunque ustedes no lo crean, a la mayoría de los venezolanos que vivimos fuera de nuestro país, nos duele igual o aún más, que a quienes están allá. La situación es extremadamente grave y cada vez son menos los que tienen temor.

Lo que ocurrió este martes 24 de febrero de 2015, en el estado Táchira, es inaceptable, repudiable e injusto. La imagen del joven arrodillado frente a las botas policiales, bañado en sangre luego de intentar socorrer al adolescente asesinado por uno de los policías, es desgarradora.

Hoy, miércoles 25, mi amiga “Gabriela”, la que les conté que fue a Venezuela en diciembre para visitar a su familia luego de ocho meses aquí, en Chile, me volvió a escribir sobre lo que ocurre allá. “Estoy muy triste”, desembuchó desde lo más profundo. “¿Qué te pasó?”, pregunté pensando que tenía algún problema personal, con la intención de ayudarla. “No quiero ver ni escuchar más cosas malas de Venezuela”, expresó.

Créanme que lo primero que pasó por mi mente fue: “Si así se siente una chama que ni siquiera está en Venezuela, ¿Cómo se sentirán los que padecen a diario allá? ¿Cómo estará la familia de Kluiberth Roa? ¡Pobre madre!”

“Gabriela” seguía desahogándose. Estoy depre, te lo juro. Siento que hay demasiada tensión. Yo leo mucho (sobre lo que ocurre en Venezuela), pero me causa mucho daño.

A veces, mientras escribo por motivos como estos, mi mente queda como en blanco. Trato de digerir lo que sucede allá, de entender cómo es que nos hemos dejado. Es así como cuando una mujer se deja golpear por primera vez y a la mañana siguiente está haciéndole el desayuno al susodicho. Inexplicable. 

Quiero levantar algún día y tener el placer de escribir: "El ex presidente de la República, Nicolás Maduro...", como tanto lo soñaba con el difunto. Hasta la próxima.


Él era Kluibert Ferney Roa Nunes, asesinado por un policía durante una protesta pacífica en Venezuela.

miércoles, 4 de febrero de 2015

Nostradamus y el "tercer anticristo". ¿Estará entre nosotros?

¿SABE USTED QUIÉN FUE MICHELLE DE NOSTRADAMUS?

¿CONOCE SUS PREDICCIONES?

¿SABE QUIÉNES ESTAN CONSIDERADOS COMO EL PRIMER Y SEGUNDO ANTICRISTO?

A CONTINUACIÓN, LA REALIDAD DE TODO ESTO...


Michelle de Nostradamus fue un médico y astrólogo francés nacido en 1503. Es considerado como el vidente más famoso del mundo, debido a sus profecías y enigmas emitidos en verso en el año 1558 con una colección de seis volúmenes.

En 1555 (hace más de 500 años) predijo 3 posibles anticristo. En alguno de sus escritos, promulgó lo siguiente:

"Un emperador nacerá cerca de Italia y costará muy caro a su imperio"

En 1545, escribió:

"PAU, NAY, OLORON serán más fuego que sangre"

Los historiadores han estudiado profundamente sus escritos y según éstos, las palabras PAU, NAY y OLORON pudiesen ser invertidos y formarse NAPOLEON ROI.

Por ende, Napoleón Bonaparte un emperador nacido a 50 km. de Italia, en Francia, es identificado como el primer anticristo predicho por Nostradamus en las escrituras de 1555. Los historiadores lo ven como el salvador de Francia, y a su vez fue visto como un falso mesías.

Seducir a la población y baño de sangre, son las características más resaltantes para identificar al anticristo.

Napoleón Bonaparte fue responsable de 3,5 millones de muertes, es considerado "El monstruo de la humanidad". Sus acciones crearon la búsqueda de un segundo y tercer anticristo.

“De lo más profundo del occidente de Europa”.

"De una familia pobre nacerá un niño que con su lengua seducirá a la multitud".

De esta manera comienzan las predicciones del segundo anticristo...


En sus escritos, Nostradamus nombró la palabra "HISTER", que significa EL DANUBIO; el Danubio es un río ubicado en Austria, lugar donde nació en 1889 el (hasta ahora) temente más notorio de la historia Adolfo Hitler: identificado como el segundo anticristo.

Con un gran poder de Persuación, sedujo en menos de diez años a Alemania y convenció a todos los alemanes en llevar a una guerra a los judíos.

Responsable de más de diez millones de muertes, Hitler se identificó por sí solo como el segundo anticristo y se cree que vió a Napoleón Bonaparte como su antesesor.

“La bestia feroz con hambre cruzará los ríos y la mayor parte del campo de batalla estará en contra de Hister”.

"Será arrastrado a la jaula de hierro cuando no obedezca a su pueblo".

De esta manera, Nostradamus predica el fin de Hitler, y efectivamente, éste se suicidó en un Bunker (construcción de hierro, para protegerse de bombardeos de aviación y artillería) a punto de perder la guerra que había iniciado.

Si Cristo encarnaba pura compasión, Hitler era todo lo contrario.

Se habla actualmente del Efecto Nostradamus, por tal motivo me planteo esta incógnita:

¿Está entre nosotros el tercer anticristo? 

Si es así, otro paso crítico en el mundo debe darse.

¿Es una doctrina exagerada o una prueba evidente?

Nostradamus predice al tercer anticristo de la siguiente manera:

“Nunca regresará y aparecerá en Asia”

"Un malvado salvador preparará un armagedón"

“27 años durará su guerra”

“Habrá poca lluvia, viento cálido y guerra”

“Una horrible destrucción de gente y animales”

"Hará buenas cosas con la gente más humilde, llegará a lo mas alto del poder, estará apoyado por satan (satan se le denomina a un grupo oculto de gente de poder que mueve los hilos de la política, economía, etc)".

Pero, algunos dicen que vendrá de un gobierno muy poderoso como el de Estados Unidos y será el peor porque aprenderá de los errores de Adolfo Hitler.


Los posibles personajes que figuraron en la lista de los "candidatos", estaban Sadam Husein, Osama Bin Laden y Barack Obama (por el exceso de carisma). 


MABUS, MORIRÁ EN BREVE Y HARÁ UNA MATANZA EN PERSONAS Y ANIMALES”: Georges W. Bush, pero fue descartado porque su salida fue ordenada.

Si el fin se acerca y la profecía de Nostradamus está por volverse a cumplir, entonces:

¿Qué mensajes quedan por codificar?

¿Qué nos reservará el tercer anticristo?

¿Qué tan avanzado está su plan de destrucción? 

¿Quién será?

COMPARTE TU OPINIÓN.

Cabe destacar que Nostradamus predijo su propia muerte.



lunes, 2 de febrero de 2015

Te lo juro, yo no estoy exagerando

Foto: Google.
“No lleves tantas cosas para ti. Lleva para ellos”, ese fue el consejo que recibí de una compatriota que vive desde principios del 2014 en Chile, el mismo país que me acogió cuando decidí irme de mi patria; esa que agoniza tras la golpiza gubernamental que día a día recibe por resistirse a un sistema que, hoy es inaplicable en alguna nación del planeta. La frase de ella me llamó la atención. La dijo segundos después de que le contara que iba a viajar a Venezuela a visitar a familiares y amigos; y al mismo tiempo para resolver un problema personal.

En un principio, creí que se refería a zapatos, ropa y perfumes de marcas; productos cuyos precios en Venezuela están por encima de las nubes, parecen inalcanzables. Es casi imposible comprar como antes, tener un closet con prendas de diferentes colores, combinados como si viviéramos en un país con las cuatro estaciones climáticas.

Gabriela viajó a Venezuela en diciembre pasado. Tenía ocho meses separada de su familia y días antes de partir desde Santiago, me contaba (y se le notaba) que estaba emocionada por verlos. Quería abrazar a su mamá, a su abuela, a sus hermanos. Pero también anhelaba ver de cerca lo que diariamente leía en las noticias. Su viaje fue corto. El 1 de enero regresó a Chile, aún traía en la espalda el abrazo de fin de año que le estrecharon sus parientes. El calor caribeño todavía estaba en sus maletas.

De Venezuela se trajo una alegría enorme por reencontrarse con los suyos, pero una tristeza aún más grande por lo que había visto allá. “Yo dejé hasta las toallas sanitarias”, me contó durante una conversación entre paisanos que, como otros que vemos fuera de nuestras fronteras, se disponen a hablar siempre de lo mismo: política. Y es que, históricamente los venezolanos hemos sido tan ajenos de la emigración, que cuando vemos a uno de los nuestros en otro país, nos emocionamos; tratamos de sacarle conversación para saber de qué ciudad es, cuánto tiempo lleva, qué profesión tiene y cómo le ha ido. Eso parece un patrón, sucede diariamente.

Seguía conversando con Gabriela y entre su exposición de motivos, removió nuevamente mi tristeza. La sacó a flote y se adueñó de mí por un momento más. “Las cremas de las manos se las dejé a mis primas, ellas veían eso como si fuese oro. Los jabones, los delineadores, el desodorante y la acetona para las uñas…todo lo personal quedó en Venezuela”. Mi idea por comprar ropa y artículos tecnológicos para algunos de mis familiares, se desvanecía. Eso ya no importaba. Más que un regalo, era un lujo y nadie estaba para eso.

Yo estoy fuera de Venezuela, pero aunque esté lejos, siento que sigo allá. No hago colas para comprar nada; salgo de noche sin temor con mi celular en mano; contesto las llamadas y respondo los mensajes de texto dentro de un autobús o el metro. Sin embargo, hay algo que tienen los demás y a mí me falta: mi familia. Una cosa compensa la otra; pero para alentarme un poco, Gabriela remató su relato diciéndome: “Te lo juro, yo no estoy exagerando”.



miércoles, 31 de diciembre de 2014

Cuando el año nuevo es inusual y las sillas vacías están presentes

En una maleta llevas los sueños. La tristeza y el arrepentimiento, no caben.

La mayoría de los venezolanos, cuando sentimos que el año está por terminar, que quedan horas para despedirlo, se nos hace como un nudo en la garganta que generalmente es difícil contener. El mayor anhelo es estar con los familiares, abrazados, atorándose con las uvas en los últimos segundos del año, haciendo ese rutinario acto en vísperas de una “mayor suerte” para los meses venideros.

Pero no todos los años son iguales. Las celebraciones cambian, el número de personas aumenta o disminuye. La sonrisa es más iluminada o más oscura. Recibir el año separado de los tuyos, en otro territorio en la inmensidad del mundo, no es muy fácil que digamos. Ni la persona más desligada de su familia podría desmentir eso.

Y cuando se acercan las fiestas, comienzan los preparativos. La decoración, los regalos y el menú de la cena, salen a relucir para la última noche del año. Pero aparece una pregunta inevitable: ¿Cuántos somos? Y en la respuesta, aparecen, implícitamente, las “sillas vacías”, esas personas que ya no están. La que está lejos, la que la vida se llevó por otro camino, la que eligió no estar, la que se enemistó, la que la muerte se llevó; en fin, el que no pudo llegar…Y en seguida la tristeza de adueña de la mesa, del momento…

Las “sillas vacías” duelen, pegan en eso que llaman el alma y que nadie ve, pero que vuela cuando ya no estamos en el plano terrenal. Y en ese momento necesito dos cosas: ese abrazo contenedor que nos dimos cuando nos vimos por última vez, y esa sonrisa que, sinceramente me diste con una palmada en la espalda. Los ojos se comienzan a llenar de lágrimas y a pesar de que duelen, es la realidad, y a ésta hay que aceptarla.

Entonces suspiro hondo y giro la cabeza. Y veo las "sillas ocupadas". Son las personas que me aman. Y sonrí­o. Esa­ es parte de la vida: pérdidas y ganancias...Así­ voy a brindar este 31 de diciembre, con lágrimas contenidas por las "sillas vací­as", y sonriendo desde el alma por las "sillas ocupadas"...Feliz. Si, feliz a pesar de la tristeza. Porque ser feliz no es necesariamente estar alegre. La alegría es una emoción pasajera que termina cuando el buen momento finaliza. La felicidad es otra cosa. Es un estado del alma. Ser feliz es estar en paz. En paz sabiendo que estoy recorriendo el camino correcto, el que coincide con el sentido de mi vida, el de mis errores y triunfos, con mis miedos y mi coraje...

Desde esta trinchera, deseo que ustedes reciban un año nuevo con hermandad, amor y una gama de sueños por cumplir. ¡Hasta el 2015, queridos amigos!..

Kervin García.





lunes, 29 de diciembre de 2014

La llegada de Chávez, como si hubiese sido ayer.



Recuerdo claramente aquel 6 de diciembre de 1998, cuando en la sala de la casa de mi abuela materna, en Valencia (centro del país) mi familia celebraba que un militar había ganado las elecciones para comandar a Venezuela por cinco años. “Por fin un hombre con guáramo”, decía María Teresa, mi abuela, al ver que el mapa de mi país aparecía empañado de rojo en las transmisiones televisivas, dando a entender que casi todos los votantes habían escogido a Hugo Chávez como nuevo presidente de la República.

Estoy seguro que ninguno de los que estábamos en esa casa, mucho menos yo que solo tenía ocho años (pero aunque no lo crean me acuerdo de todo), imaginaba o tendría una pequeña idea de todo lo que venía o sería capaz de hacer el susodicho, luego de haberse vendido como un hombre que respetaría la propiedad privada y que, además, no se atrevería a cercenar ni mucho menos cerrar un medio de comunicación (al final pueden observar “Las tres mentiras de Chávez”). Razón tenía el ilustre Gabriel García Márquez, cuando escribió sobre el militar, durante un vuelo privado de regreso de Cuba, en el que compartió espacio con él. “…me estremeció la inspiración de que había viajado y conversado a gusto con dos hombres opuestos…”, cita “El enigma de los dos Chávez”. Búsquenlo y léanlo para que conozcan las razones.

Cuando decidí estudiar periodismo, la primera inspiración que tuve fue convertirme en aliado de la verdad. Para muchas personas, ajenas en esta profesión, ese principio ético es una utopía. En 2007, cuando inicié mis estudios, Venezuela estaba encaminada a un camino enlodado. RCTV ya no estaba en señal abierta. Algunas empresas de alimentos habían sido expropiadas. La escasez de vehículos comenzaba a ser titular de los diarios. En fin, la cosa iba de mal en peor. Pero al parecer nadie se daba cuenta de la cicatriz que se iba generando.

En 2012 me gradué. Fui integrante de la XIII promoción de licenciados en Comunicación Social, mención Audiovisual, en la Universidad Arturo Michelena. En cinco años Chávez hizo desastre. Mientras el control de cambio asfixiaba los bolsillos de los venezolanos, el Gobierno seguía cobrando el barril de petróleo en su precio más alto en la historia del país. 

En marzo de ese año, muere el “arañero de Sabaneta”, como era conocido desde su infancia. “El dictador”, era otro apodo que tenía. Todavía no me explico por qué (espero que se entienda la ironía). 

Nicolás Maduro fue el heredero de la silla presidencial. Aparentemente, según los rectores del Consejo Nacional Electoral, le ganó por casi 300 mil votos a Henrique Capriles. Era su turno. Al ex conductor de autobuses de Caracas le imponían la banda presidencial para tratar de encaminar lo que se había descarrilado. Nada de eso ocurrió. Todo empeoró. No sé si llamarlo venezolano o colombiano, porque hasta ahora no hemos visto su partida de nacimiento y sus adversarios aseguran que fue llevado a Venezuela luego de vivir su infancia en la hermana República. Lo cierto es que ese señor, aliado con el actual presidente de la Asamblea Nacional (Senado), Diosdado Cabello, se encargó de patear lo que por catorce años había “construido” Chávez. 

Hoy, la miseria, la anarquía, el desorden, la inseguridad, la escasez, y un sinfín de problemas agobian a los venezolanos. La situación es insostenible. Las instituciones públicas no son equilibradas; otras no funcionan ni siquiera a través de su página web. El despilfarro gubernamental contrajo la peor crisis económica del país. 

El rumbo de Venezuela es incierto. Parece que hasta los cubanos se han dado cuenta de la crisis que ha sido provocada. El plan B de los Castro se llama Barack Obama. El de los venezolanos: Aeropuerto Internacional Simón Bolívar. ¡Hasta la próxima!..




jueves, 20 de noviembre de 2014

Retorno obligado

Hace cuatro años, cuando apenas continuaba oliendo a lápiz y cargado de libretas para escribir mis apuntes universitarios, tuve la idea de crear este espacio. El hambre por la escritura me lo pedía. Era inevitable no saciarla.

Yo era estudiante, aún no imaginaba lo que venía. Tampoco entendía el origen de muchas cosas. Siempre tuve la idea de vivir nuevas experiencias. Mi filosofía de vida se ha centrado en la inmensidad de este planeta. ¡Tantos países! No concebía la idea de permanecer todos los años en uno mismo.

Hoy, tengo título de licenciatura, un carro propio llegó a mis manos, mis padres siguen sumando años de matrimonio, nacieron cuatro sobrinas y una pequeña gran experiencia laboral que, en poco tiempo, ha sido fructífera por demás.

En cuatro años han ocurrido muchas cosas. Resumirlas, sería un poco utópico, pues la memoria no sería capaz de guardar tanto, y más si el resumen lo integran recuerdos no muy gratos, políticamente hablando. Pero aquí nadie vendrá a imponer líneas editoriales.

En conclusión, soy periodista, esos de los que no callan por un sueldo, o como llamamos en Venezuela: “un quince y último” (por la forma en cómo se devenga el salario mensualmente). De mi país me fui este año. La situación política terminó de “empujar” la idea que tenía desde muy chamo, pero bajo otras condiciones. Salí casi como un exiliado, buscando desesperadamente otro lugar donde vivir con tranquilidad, esa misma que los que hoy nacen, crecen sin conocerla.

A partir de ahora retomo este espacio, desde Chile. Una tierra que me recibió con los brazos abiertos y a la que, le prometí entregarle gran parte de lo que mi nativa me enseñó. Comenzaré por volver a publicar mi último escrito en Venezuela, antes de subir al avión, desde el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar, en Maiquetía, hoy conocido como "el aeropuerto del adiós"...

Es momento de partir. Hoy me subo a otro tren. Diferente del que venía viajando desde hace 24 años. No será el mismo destino, tampoco el mismo chofer. Los compañeros de asiento siguen ahí, aunque algunos se han bajado a mitad de camino.
El grupo los divido en indecisos y decisivos. Todos tendrán sus razones. Para el tren que abandono rezaré un Padre Nuestro y un Ave María; mi mayor anhelo es que retome su camino y le permita a sus pasajeros vivir un viaje placentero, libre de infracciones y repleto de libertades.
Al tren se le comenzaron a romper las ventanas hace años, pero muchos creyeron que ello representaba el inicio de una reestructuración; otros pensaron con visión de futuro: sabían que era el comienzo de un camino rocoso que poco a poco se carcomería la carrocería del transporte.
Así ha sido; el tren ha perdido puertas, compartimientos, pantógrafos, faros, luces, y un centenar de personas con un espíritu que luchaba incesantemente por recoger las piezas que iban cayendo, para volver a armar el ferrocarril. No todo el mundo ayudaba, muchos prefirieron seguir el camino con el riesgo de que el tren se descarrilara. ¡Con tal!, lo importante era llegar, sea como sea. Yo no pude seguir ahí.
Mi intuición y una merengada de sentimientos (como diría un gran amigo), vencieron al espíritu esperanzador que intentó confiar en el chofer, en sus ganas por ofrecer el mejor servicio, en manejar como debía ser.
A los que se quedaron, no los juzgo. A los que se bajaron, les aplaudo. Posiblemente tomará tiempo adaptarse a una nueva butaca, a otro grupo de compañeros, a otros cuentos de caminos. Pero lo más seguro es que el nuevo tren sea más confortable, igual que en algún momento lo fue el que hoy abandono, y no lo sabía.
Hoy mi corazón está arrugado y mi garganta no aguanta más el estrangulamiento que produce el llanto. La esperanza por volverme a subir no la pierdo, pero será cuando retome su camino y todos los pasajeros alcen sus voces para solicitar un cambio de chofer, porque seguro estoy que el error está frente al volante. Feliz viaje, mi mismo, desde el aeropuerto del adiós…


domingo, 16 de mayo de 2010

¿VALE REALMENTE LA PENA ESTUDIAR PERIODISMO?

El pasado jueves 12 de mayo, se dió a conocer unas declaraciones del presidente de la Asociación de Periodistas de Ciudad Juárez (México) Jesús Meza Vegas, que algunas aseguradoras restringieron la venta de seguros de vida para los trabajadores de los medios de comunicación, en tanto que otras aplicaron una sobretasa al costo de la cobertura.

¿LA RAZÓN? La alta tasa de mortalidad en periodistas activos del país que existe en este estado.

El periódico El Diario de México, entrevistó a uno de los agentes que laboran en las aseguradoras que decidieron tomar esta injusta e inhumana acción contra, a los que a diarios salen a la calle a buscar y transmitir información a un país y al mundo entero, que “no aseguramos la vida de pilotos, policías y periodistas”.

La política adoptada por las instituciones de seguros trascendió cuando la APCJ inició los trámites para renovar la póliza colectiva que tiene para sus socios, recibiendo la desagradable noticia por parte del representante de Seguros Inbursa, que no sería renovada, informó Jesús Meza alegando que llevan varios años pagando puntualmente éstas pólizas de vida que cubre a la mayoría de los socios de la asociación.

“Cuando le pedí una explicación, insistiéndole que siempre pagamos en tiempo, me dijo que era una disposición a nivel corporativo, que ya no estaban renovando ni abriendo pólizas grupales nuevas en Ciudad Juárez, por los altos índices de violencia”, expuso.

Indicó que algunas compañías ni siquiera aceptan las solicitudes cuando se enteran que son periodistas las personas que buscan la protección, en tanto que otras rechazan el contrato debido al alto riesgo que existe aquí.

Jesús Meza indicó que hay una compañía que aceptó dar la cobertura a los periodistas pero aplica una sobretasa del 15 por ciento al valor de la prima.

Así mismo, prometió iniciar medidas contra estas disposiciones que no pueden permitirse, sobre todo cuando los contratos ya están y se van a renovar.

Sólo nos queda preguntar:

¿VALE REALMENTE LA PENA ESTUDIAR PERIODISMO?

¿QUIÉN PROTEGE LA VIDA DE LOS PERIODISTAS?

¿DÓNDE ESTÁN LOS "DERECHOS HUMANOS" DE LOS PERIODISTAS?